Calcuta, en la India Oriental

Última ciudad que pensábamos visitar en la India, y puerta de entrada habitual para los que combinan su estancia en este país con unos cuantos días en Nepal, y es que es muy frecuente la conexión aérea entre Katmandú y Calcuta, situada como está al este de la India.

Hablar de Calcuta es hablar de la Ciudad de la Alegría, es recordar los muchos pasajes que en nuestra imaginación describió con una pluma (o bolígrafo) exquisita Dominique Lapierre. Es intentar averiguar la esencia del espíritu hindú, la capacidad de supervivencia y de adaptación, de sumisión a las condiciones naturales del país, o quizás de aceptación de sus propias virtudes. Aquel libro, como a tantos otros, me marcó. Es un canto a la solidaridad, al amor más verdadero, a la entrega y a la sensibilidad humana.

Con Max Loeb,el joven médico estadounidense, descubrí las desgracias del mundo, las diferencias, la insolidaridad y la existencia de un mundo desconocido para mí. No sé si aquel libro me dejó algo en el subconsciente, pero visitar Calcuta e ir a la zona de la Ciudad de la Alegría es algo que llena a quien ha leído esa obra maestra de Lapierre.

Yo tuve la enorme suerte (o desgracia, según se entienda) de estar en Calcuta los días siguientes a la muerte de Madre Teresa. Como también tuve la suerte (o desgracia de nuevo) de poderme arrodillar ante su capilla ardiente y sentir en mis propias carnes, y mucho más adentro, lo que es la pasión por una persona, lo que es el agradecimiento y el amor más infinito. Nada más poner el pie en Calcuta, el silencio era absoluto, el respeto, la tristeza, pero al mismo tiempo la alegría de haber contado con una persona así entre ellos y haber podido disfrutar de su bondad. Se sentían tristes pero privilegiados. O al menos eso creí sentir.

Allí, frente a su capilla ardiente, una rápida mirada me hizo darme cuenta de que no sólo acudían a aquel sitio a venerarla los católicos, sino los hindúes, los musulmanes, los budistas… todos, sin excepción, formaban una cola infinita que se perdía por calles y más calles de Calcuta esperando poderle dar su último adiós.

Quizás Madre Teresa fuera para ellos como Bandona, la enfermera del libro, “el ángel de la Ciudad de la Alegría”, ante todo, la Madre de todos.

Con aquella situación particular no dudo que mi visión de Calcuta este sesgada por aquel suceso. Que quizás vea Calcuta más bonita de lo que realmente sea. Pero es que tantos años después, el recuerdo que tengo de esta ciudad es ese y el del paseo por aquellos barrios desdichados.

Pero Calcuta, la moderna Calcuta, tiene mucho más que contar y que sentir…

Foto: construyendomundo

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Categorias: Calcuta, Viaje a la India


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