El Palacio de Samode, camino a Jaipur

Palacio de Samode

Tras un nuevo y espectacular desayuno buffet, llega la hora de partir hacia nuestra siguiente ciudad: Jaipur, en el estado de Rajashtan, la conocida como ciudad rosada. No obstante, en el camino haremos una parada intermedia en el suntuoso Palacio de Samode.

La verdad es que solamente separan 160 kms. a Nueva Delhi de Jaipur, pero el problema reside en el tráfico, en el «gran» autobús que llevamos y del que llegué a dudar que no se le cayera el tubo de escape por el camino o que de pronto viera pasar una rueda por nuestro lado, y sobre todo de la «carretera», por llamarla de algún modo, pues vuelve a tratarse de un camino de animales, todo terrizo y lleno de bache, digno de las carreteras rurales de nuestro país. Nada, la cosa fue rápida, pues recorrimos los 160 kms. en apenas 5 horas… No obstante, también existe la posibilidad, para ahorraros este «tostón» de camino, que buscar algunos vuelos baratos que os lleven en algún compañía local de Delhi a Jaipur, en menos tiempo y más cómodo.

El palacio de Samode ha sido reconvertido hoy día en hotel, uno más de los muchos hoteles en Jaipur que nos ofrece la India. Se encuentra a apenas 42 kms. al norte de Jaipur, sobre las colinas de Aravalli y está hecho siguiendo el estilo de los antiguos Rajput Mogoles.

Ya de por sí espectacular en su exterior por su situación elevada sobre el monte, el interior nos ofrece el típico lujo oriental de pedrerías, mármoles, arcos y dorados. Viene a ser lo más cercano a un palacio de cuentos de lo que yo había visto hasta ese momento. Una vez entras, te encuentras un gran patio central donde nos hicieron una representación de marionetas.

Como es imposible evitar, tras la representación los mismos de la compañía nos intentaron vender unas cuantas marionetas y he de aseguraros que casi todos picaron; y es que las mismas son una maravilla, por su expresión y, sobre todo, por sus ropajes finos de seda. Aún hoy, tengo aquella marioneta en casa. El precio, después de mucho regatear, como siempre fue de 200 rupias indias.

Tras subir unas escalinatas, llegamos a la zona de las habitaciones, las cuales se disponen alrededor de aquel patio central. Las vistas resultan espectaculares, y en cuanto a lo que nos vamos encontrando desborda literalmente los ojos por sus riquezas.

Es de destacar la profusión de espejos finalmente labrados y muchos de ellos incrustados en las mismas paredes entre la gran cantidad de piedras preciosas. Además la rica artesanía en madera y las telas intrincadas y bordadas.

Allí, descansando sobre pubs, nos tomamos un rico té indio con pastas, no sin antes haber comido una sopa a base de ajo, verduras varias y carne al curry.

Cuenta la historia que el Palacio de Samode fue regalado por el rey de Jaipur a un noble del que el propio rey pretendí alejar de la corte, pues aquel quería cortejar a la reina. El rey, deseando que aquello terminase, pero por otro lado, no queriéndole castigar dado los servicios que le había prestado, optó por regalarle aquel palacio y al fin, hacer que se marchara de la Corte.

Tras aquella breve historia que nos contó nuestro guía indio, marchamos hacia Jaipur, adonde después del cansado camino en autobús, estábamos ya deseando llegar…

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Categorias: Jaipur, Viaje a la India


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