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Vuelo de Agra a Benares

Benarés… sólo oir el nombre recuerdo el escalofrío que me daba, y que en cierto modo me da. Siempre he sido bastante respetuoso respecto de todo lo relacionado con el más allá, y el pensar que iba a asistir en esta ciudad a una ceremonia de cremación me ponía los pelos de punta.

Con ese respeto interior nos marchamos muy temprano hacia el aeropuerto de Agra para tomar un avión con destino a Benarés, o Varanasi, como también se le conoce. Y una vez más, íbamos con el sumo cuidado de no entorpecer la labor de los policías de Aduana para que no se fijaran en nosotros, aunque eso, en el caso de los turistas es poco menos que imposible, y es que la corrupción en la India llega hasta la mismísima policía, como ya os contaré más adelante.

El aeropuerto de Agra es, y no exagero, vergonzoso. Aunque en esa ciudad no podíamos esperar otra cosa, ya que allí todos los edificios son viejísimos. Éste no podía ser menos, y por momentos, yo tuve la impresión de estar en uan comisaría de esas que se ven a veces por la televisión, en una habitación avejentada, sucia y polvorienta, todos sentados en sillas de esparto y sin ningún adelanto técnico a la vista. Lo contrario a un aeropuerto vamos.

Tanto es así que, viendo el retraso que comenzaba a acumular el avión (cosa habitual por otra parte) levanté la vista hacia el panel de horarios (por llamarlo de algún modo). De electrónico tenía lo mismo que el chupete de Maggie Simpson. El panel era una gran piazarra donde un operario iba apuntando con tiza los horarios de entradas y salidas de los aviones.

Cuando me asomé por unas cristaleras que había, la pista de aterrizaje estaba sucia, llena de baches y polvorientas, y los pocos aviones que habían eran chiquitísimos y de hélices. El sudor me empezó a correr por la espalda, pero finalmente, llegó, no sin antes que nos cachearan por enésima vez en nuestro viaje, y nos hicieran sacar todas las cosas de la maleta.

Aquéllo es lo más cercano que he estado jamás de lo que literalmente el término vuelos baratos quiere decir. Y luego dicen de las low cost de aquí… con perdón por la sorna ¡já!

Fueron tres horas de retraso y una escala en Khajurajo, pero finalmente llegamos a Benarés, la ciudad sagrada de la India, allí donde marca la tradición que hay que ir a morir, para que el Ganges se lleve los restos.

El trayecto de avión dura unas dos horas, incluyendo media hora de parada técnica en la escala que antes os mencionaba.