La Ciudad de la Alegría, una experiencia inolvidable

Ningún barrio de vuestra ciudad podría considerarse pobre junto a los barrios de la Ciudad de la Alegría. Nos separan no sólo muchísimos kilómetros sino también un nivel y una calidad de vida que nosotros consideraríamos ínfimo e insano. Y por último nos separan también nuestras creencias y su capacidad de adaptación al medio en el que viven.

El recorrido por la Ciudad de la Alegría, en Calcuta, es una de esas experiencias inolvidables no por sus paisajes o por sus monumentos, sino por el corazón y el sentimiento. Un monumento os puede dejar una huella en vuestro recuerdo pero este barrio os dejará la huella en el alma.

En él no hay sino pobreza; una pobreza repugnante y no por la suciedad o el mal olor, sino por la desigualdad humana, por la insolidaridad y por la capacidad que tenemos muchos para cerrar los ojos al mundo y no querer ver lo que en otros lados ocurre. Por asentarnos en nuestra vida de ricos y encima protestar y malvivir, cuando hay tantos millones de gente sin nada en absoluto. Podemos quejarnos de que las deudas nos ahogan, de que no sabemos con qué pagar, pero llega a fin de mes y todos comemos. Ellos apenas no.

Y aún así nos recibieron con los brazos abiertos. Con la sonrisa pintada en la cara. Con la mueca de alegría en los labios y siempre con una palabra generosa, compartiendo incluso lo poco que tienen. Es un barrio lastimoso, sucio, de calles embarradas, de polvo por todos lados, de gentes por los suelos, de pobres, enfermos y abandonados. De inmundicia, polución y cajas de cartón o apenas un toldo que sirven para resguardarlos del frío y de la intemperie. Allí se refugian como pueden en una población que en las horas de diario alcanzan los 20 millones de habitantes. Sí, como lo oís. 20 millones, cuando la ciudad, la población registrada es de “sólo” 15 millones. Pero a Calcuta van a trabajar diariamente casi 5 millones de personas más que acuden buscando algo con lo que ganarse el pan.

No, no busquéis más en la Ciudad de la Alegría, porque no lo hay. Sólo el rastro de una tremenda injusticia…

Curiosamente, como una aparición, se levanta en medio de aquél triste barrio un luminoso templo jainista hecho ¡de oro, plata, mármol y diamantes!, una muestra de los terribles contrastes de los que vive la India, capaz de atesorar riquezas del pasado y de tener en sus calles más de 6 millones de personas sin techo. Allí, nuestro mismo guía hindú nos lo dijo el primer día: “somos muchos, la vida humana es lo que menos importancia tiene en la India”.

Una cosa más: probablemente os haya extrañado la foto del comienzo de este artículo, pero es que pocas fotos vais a poder encontrar del corazón de la Ciudad de la Alegría. Yo mismo no me atrevía a echar ninguna foto por respeto a ellos, porque me parecía una frivolidad.

Por esa misma razón, que mejor qué encabezar este texto sobre la parte más pobre de Calcuta que quien fue su Madre, su defensora, su cuidadora, y que mejor que hacerlo con un niño en sus manos como símbolo de que ojalá algo cambie y todo renazca mejor y más feliz…

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Categorias: Calcuta, Viaje a la India


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