Los brahmanes, la élite de la sociedad hindú

Por todos es sabido que una de las características más chocantes y singulares del hinduismo estriba en la férrea jerarquización social que preconiza, basada en un ancestral sistema de castas. En efecto, la literatura védica contempla la existencia de cuatro estamentos: los brahmanes o sacerdotes, los chatrías o políticos, los vaishias (colectivo que engloba a comerciantes, artesanos, agricultores y ganaderos) y los shudrás (que aglutina a siervos y obreros).

A éstos habría que sumar un quinto grupo conocido como el de los dalit (también llamados mlechas, parias o intocables), que se sitúa en las capas más bajas de la sociedad de la India.

Por el contrario, en el extremo opuesto se hallan los ya citados brahmanes.  El mismo origen del término —deriva de la palabra «brahmin», que significa ‘dotado de Brahman’— desvela que las personas que conforman  este grupo social ostentan el poder sagrado que les autoriza para llevar a cabo sacrificios rituales.

Pertenecer a este grupo constituye un claro motivo de orgullo para sus integrantes. De hecho, a nadie debería extrañarle que quien pertenezca a la casta sacerdotal lo anuncie inmediatamente tras presentarse a su interlocutor.

Como estamento social, los brahmanes gozan de ciertas funciones y privilegios, muy ligados de su condición de clase superior. Así, son depositarios de los misterios de los textos védicos, ejercen como transmisores de los preceptos religiosos, llevan a cabo determinados ritos y, finalmente, asumen una ardua tarea de defensa y divulgación de la lengua y cultura del sánscrito.

Desde el punto de vista histórico, los brahmanes siempre habían ocupado los lugares más influyentes de la sociedad, la Administración y la política de la India, alcanzando su momento de máximo prestigio entre los siglos VIII y III a.C. En la actualidad, no obstante, su proyección social y popularidad han caído en picado debido a la penetración de la cultura occidental en el subcontinente asiático.

Por todo ello, no es insólito que un sacerdote compagine sus quehaceres religiosos con un trabajo como guía turístico, o que el recién llegado no advierta de entrada cuál es su verdadera condición. Sea como fuere, es recomendable que el visitante trate siempre a los brahmanes con la máxima deferencia y respeto.

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Categorias: cultura india, Mitologia de la India


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